Dichosos los que están atentos a las urgencias de los demás, sin sentirse indispensables

 "El más pequeño acto de bondad vale más que la mayor intención"

(Khalil Gibran)

La bondad sin razones

Hay una forma de bondad que no responde a ninguna lógica clara, que no nace de grandes principios ni de ideas elevadas, sino de algo más sencillo y más hondo. Una bondad que aparece sin anunciarse, en lo cotidiano, en lo casi invisible, y que, sin embargo, deja una huella difícil de olvidar.

No es una bondad que busque ser vista ni reconocida. A menudo sucede sin testigos, en un gesto mínimo, en una palabra dicha a tiempo, en una forma de estar que no invade ni exige. Y quizá por eso conmueve: porque no intenta nada, porque no persigue nada.

Tiene algo de desproporcionado, incluso de incomprensible. Como si no encajara del todo en la lógica habitual con la que medimos las cosas. Y, sin embargo, es ahí donde reside su fuerza.

Tal vez no haga falta entenderla. Tal vez baste con reconocerla cuando aparece y, si es posible, no interrumpirla.

"Dichosos los que están atentos a las urgencias de los demás, sin sentirse indispensables" (Tomás Moro)

Todos los besos