"La belleza es verdad; la verdad, belleza. Esto es todo lo que sabes sobre la tierra y todo lo que necesitas saber" 

(John Keats)

Lo bello en sí...

Dostoievski dijo que la humanidad puede vivir sin ciencia y sin pan, pero no sin belleza y, quizá tenía razón. Sin ella, el mundo perdería su sentido más íntimo. También Santo Tomás de Aquino afirmaba que lo bello es aquello cuya sola percepción agrada. Pero ese agrado no es superficial, es un brillo silencioso que las cosas poseen y que ilumina nuestra inteligencia y nos conmueve. 

Cada experiencia estética es un momento en que algo nos detiene y nos asombra. No es casual que la antigua historia de Narciso nos advierta del peligro de quedarnos en la superficie, reducir la belleza a lo puramente visible es olvidar su verdadera raíz.

Para Plotino, la belleza no es solo algo que entra por los ojos, sino algo que el alma reconoce, como si recordara un origen más alto. Nace de la armonía, de la proporción, pero sobre todo de la cercanía con lo divino. Cuanto más participa algo de la unidad y la perfección, más bello se vuelve y, al contemplarlo, despertamos, aunque sea por un instante, a lo eterno que habita en nosotros. Plotino nos invita entonces a mirar hacia dentro, a esculpirnos como una obra de arte...quitar lo que sobra, pulir lo imperfecto, iluminar lo oscuro...no para parecer bellos, sino para llegar a serlo. Porque existe una belleza más alta, más verdadera, que no depende del cuerpo, sino del alma que se conoce, se ordena y se eleva.

Así, la belleza deja de ser algo que simplemente contemplamos y se convierte en un camino, una forma de regresar a nosotros mismos y, quizá, a aquello que nos trasciende.

"Encuentra bello todo lo que puedas" (Vincent van Gogh)

Todos los besos
.